Cáucaso: La Tierra del Bonachón Malencarado

CÁUCASO, LA TIERRA DEL BONACHÓN MALENCARADO

Aunque uno podría pensar que les gusta intimidar, los caucásicos en realidad son gente amable, con maneras muy peculiares de ver las cosas
Los has visto en películas. Son el fit perfecto para miembros de la mafia rusa que pelean contra nuestro héroe estadounidense en una película de acción.
Se agarran a balazos, persecuciones, y los occidentales siempre ganan.
Ese es el rostro de una gran parte de personas que te toca ver en Armenia, Azerbaiyán y Georgia.
Sin embargo, te sorprendería saber que 1) no toda la gente tiene la expresión malencarada. 2) Su conducta con los desconocidos visitantes es exactamente la contraria.
Por experiencia propia, ya puedo decir que los caucásicos son tal vez los ciudadanos más hospitalarios de Europa.

 

DISCLAIMER

Te sugiero conocer primero mis guías sobre qué hacer en la capital de Armenia, la capital de Azerbaiyán y la capital de Georgia para introducirte un poco en esta parte del mundo.

EL TRIUNFO DE LA CONFIANZA

Mis primeros pasos en el Cáucaso pudieron ser auténticos traspies.
Del aeropuerto Internacional de Tiflis tomé el único camión que comunica con la ciudad y me bajé en la Estación Central de Autobuses.
Ahí, atolondrado por el calor y el peso de las maletas, el Bonachón Malencarado 1 me dijo cosas en un rugoso inglés y le contesté «Yerevan», dejando entrever que iba a Armenia. Al oír esto se acercó a tomar mi maleta, como si se la fuera a robar.
Tu primer acto de confianza con la sociedad caucásica es dejar la maleta con tus cámaras, laptop, pertenencias valiosas en una camioneta abierta, y esperar que en una hora sigan ahí.
Casi corriendo, dejó la maleta al costado de una SUV. Un amigo suyo de lentes oscuros me dijo que por la módica cantidad de 25 laris (10 dólares) me podía dejar en la capital de Armenia. Le pagué y me dijo: deja la maleta aquí. En una hora nos vamos.
Recapitulando: estoy en un estacionamiento, el portaequipaje de un desconocido abierto, mi maleta expuesta y la instrucción de alejarme.
¿Te quedas a un lado de tu maleta o confías?
Confié. Pero no por mucho.

El niño que reparte chingazos

Busqué algún tipo de sandwich y un refresco y cuando estaba a 20 metros del punto donde esperaba la camioneta, un niño de unos 8 años me pide comida.
Le digo que no tengo nada y me cierra el paso, comienza a gimotear y me tira manotazos en el pecho y estómago.
Antes de alejarlo con un empujón y casi tirarlo al suelo, volteé a los alrededores a ver si no se trataba de un engaño.
Pensé que una pandilla saldría al paso y tomaría mi cartera en la distracción.
O que una mujer llamaría a la policía acusando violencia contra su hijo.
«Get the fuck outta my way, bitch!!», repliqué emulando a algún personaje de Los Soprano, antes de acercarme como gangsta a la camioneta.

Cuidado, que el auto explota

El camino resultó apacible, aunque incómodo junto a otras 7 personas en una camioneta. En más de 5 ocasiones nos detuvimos a cargar gasolina.
Cosa rara, había que bajarse del carro «a estirar las piernas» por aquello de que la camioneta se incendie y estalle, con eso de que las estaciones de gasolina son de la era de la URSS. Típico. Otro día en la oficina, ¿¿no??
Ya en Erevan, apenas aterrizando en la central de autobuses, un señor me escoltó y practicamente me forzó a ser trasladado en taxi hacia el centro de la ciudad.
Primero dijo que eran 20 laris (parecido a un viaje trasnacional, ¡¡desgraciado!!) y a metros de llegar al hostal, me dio que eran 30! por el tráfico.
Bien podía tomar mis cosas y meterme corriendo al hostal y no pagar nada, pero quedamos en 25.
Se fue tranquilo, tal vez su jugada, en su mente, le salió como esperaba.

ARMENIA

Aquí hice algunos amigos, principalmente en el hostal. El dueño del mismo, cuyo nombre, por desgracia he olvidado, era un verdadero entusiasta.
Todas las mañanas lo vi salir a las 6 am -inusual para un armenio, que comienza su día hasta las 9 o 10- y nos preparaba el desayuno: huevo hervido con pan, mermelada, café o té.
Este señor atendía su hostal como si de su casa se tratara. Duerme en una cama colocada en medio del lobby. No se inmuta ante caprichos de sus huéspedes y para colmo, te ofrece probar platillos con forma de guante de beisbol.
Como dato curioso, nunca se iba del hostal. De hecho, me sacó un susto la primera noche, porque al asomarme al lobby del hostal a las 11 pm, él estaba dormido en una cama portatil, con los pies volteando a la entrada -parecido a una morgue-.
Sin embargo, al tocar la puerta, se levantaba como si nada y abría la puerta al pernoctador más efusivo, sin chistar, sin reclamar.

Entre patriotas y devotos

En Armenia conocí un par de hombres excéntricos. Uno era guía turístico y amaba su ciudad. En todas las partes despotricaba contra los capitalistas que destruían la cultura para poner un Hilton, o urbanistas que manchaban «La Ciudad Rosa» con arquitectura «moderna» y explotación.
Otro sujeto se hospedaba en el hostal. Era un poeta cristiano, que por su apariencia, parecía más bien un músico grunge después de inyectarse heroína.
Rara vez salía del hostal y usualmente citaba frases sobre Dios cuando hablábamos de sea cual fuera el tema.
En ese mismo hostal conocí la hospitalidad de la comunidad musulmana, gracias a otro huésped, Muhamad, quien estudia medicina en Ereván pero quien en realidad es oriundo de Kurdistán.
Me invitó a una cena musulmana, gratuita, en la Mezquita Azul, donde todos los musulmanes de Ereván se juntan a conversar y compartir alimentos.
Esta experiencia fue realmente inesperada y cálida.

AZERBAIYAN

Si la gente de Armenia pudiera parecer en apariencia algo hostil, la de Azerbaiyán lo parece más. Es la mirada obsesiva, de un iraní, de un islámico, expurgando a alguien de otro lugar. Las apariencias realmente engañan.

La frontera del escrutinio exhaustivo

Para empezar, fui objeto de 10 minutos de escrutinio en la frontera por el pecado de haberme parado en Armenia antes de ir a Azerbaiyán. ¿Qué hay qué ver en Armenia? Me dijo el oficial como si fuera un reclamo.
Tomaron mi teléfono celular, revisaron mis fotos y de repente me decían: «Qué es esto??»
-Nunca han visto un hombre disfrazado de mujer?-les contesté.
(Bueno, eso en realidad no pasó, pero hubiera sido divertido que encontraran algo así, jojojo)
Lo que sí, es que me preguntaron por una estatua, luego por un monte, luego con una mezquita, y en todas trataban de hacerme caer en la trampa de decirles que estuve en Nagorno Karabakh, territorio en disputa entre Azerbaiyán y Armenia desde hace más de 25 años.
Aquí lo importante era: si había entrado en esa parte y tenían pruebas O SOSPECHAS, podían impedirme la entrada, aún cuando ya trajera mi visa, como ocurrió en mi caso.
La visa más costosa que he pagado hasta ahora, no sólo por dinero, sino por la lucha dialéctica tratando de convencer a las autoridades de que no soy un espía armenio, ni me tomo fotos prohibidas
Finalmente…pasé la prueba…pero cruzando la frontera, decenas de choferes me asediaban para trasladarme al centro del país…el pánico hizo mella en mí porque ya no encontraba mi camión!!! pero a los pocos minutos, me encontré a otros desesperados y hallamos al maldito.
En Ganja conocí a Alekber, un joven azerí que salió a provincia para festejar su cumpleaños.
De hecho, hicimos una fusión cuatripartita entre Canadá, Italia, México y Azerbaiján para resolver La Cuestión Viajera. Una tertulia singular, con cervezas de un dólar y garbanzo como aperitivos en las semivacías calles de un pueblo adormilado.

Un robo, un héroe anónimo y una moral en decadencia

En Ganja, por cierto, me tocó presenciar por primera vez un robo, pero por fortuna, la recuperación inmediata del producto.
Mi amigo Eric y yo íbamos en un minibus a la central de Autobuses cuando de repente, un hombre rudo baja y persigue en medio de la calle a otro delgado.
Escuchamos gritos, mientras el chofer espera con el semáforo en rojo. El rudo regresa y le da a Eric… ¡¡su cartera!! El delgado pasó a lado suyo y en un momento dado estuvo a punto de llevarse cientos de manats, tarjetas de crédito e identificaciones.
Gracias a este héroe anónimo todo quedó en mero susto. Durante el resto del viaje, el rudo no podía de negar con la cabeza, reclamando a los otros pasajeros cómo se ha permitido que la sociedad llegue a esto: a perder toda clase de ética e intentar robarle a extranjeros.
La historia y la política son temas muy recurrentes para el azerí. El presidente Aliyev, hijo del mítico y difunto expresidente Heydar Aliyev, también está presente en espacios públicos y privados, como si se tratara del Ángel de la Guardia que vigila el buen comportamiento del ciudadano azerí.

La desaparición del inglés como idioma universal

En Bakú, me reencontré con Anvar y sus amigos. La ironía de la vida fue ésta: nunca había conocido a alguien de Azerbaiyán, y en Belgrado, semanas atrás, conocí no a uno, sino a dos!!! hospedados ahí con dos días de diferencia.
Anvar, ingeniero que vive en Alemania, estaba casualmente de visita en Bakú organizando un encuentro de líderes y aprovechamos para reunirnos, tomar el té y fumar shisha.
En esta cena, y en Azerbaiyán encontrarás tal vez una de tus grandes frustraciones viajeras: MUY POCA GENTE HABLA INGLÉS.
Pero cómooo…si el inglés es el idioma univ.. (bitchslapped!)
En esta parte del mundo aprendí que Estados Unidos no es el centro del universo, y que al menos para tres países, hay un monstruo inevitable llamado Rusia. Nación que impactó la historia de estos pueblos y cuyo peso cargan en sus espaldas a la hora de hablar de dinero o sangre.
Me perdí de una gran entrevista con la Asociación Nacional de Arm-Lifting porque ni la recepcionista, ni el campeón nacional, ni el chavo que les ayuda sabían una gota de inglés!!!
CONSEJO DE CONVIVENCIA EN AZERBAIYÁN: APRENDE RUSO. Yo ya estoy en eso, por cierto.
Pude entrevistar al campeón nacional de Vencidas…pero desconocer el idioma ruso, azerí o turco me lo impidió. Suerte para la próxima, ¡malnacido!
El azerí está orgulloso de sus cantos, de sus héroes musicales, de su historia, y tal vez puedas tener dos o tres choques si deseas realmente debatir sobre el asunto Nagorno Karabaj, por ejemplo, así que está en ti llevar una fiesta hipertranquila con gente ávida de salir a mostrarse al mundo, o de entrar en una polémica chicharronera más en tu vida.

GEORGIA

En este país encontré actitudes variopintas dependiendo el grado de familiaridad con mi interlocutor.
Del aeropuerto al camión, iba molesto porque al pedirle cambio a una pasajera para poder pagar el importe exacto del camión, me dio dinero de menos.
Era frustrante porque se trataba de una señora de edad avanzada. La inspectora intentó no entender mi duda, acerca de si ella o las señoras me escondieron un lari.
Poco antes de bajarme del camión, la inspectora me regresó 1 lari! Todo el tiempo fue ella la ladrona.

«Lo siento, la venta de drogas ya está muy competida»

Pero en Tiflis encontraría también caras amables. Un guía me preguntó de dónde venía, dije que de México y me comentó que el mercado de drogas ya estaba muy competido.
Todos reímos, yo con menos entusiasmo, obviamente, pero me agradó que al menos fuera creativo en el comentario.
En el mismo Tiflis, me topé con un borracho que me vio con la cámara y alejándose, me reclamaba.
Me le quedé viendo tratando de entender el reclamo pero el ebrio intentaba regresar hacia mí y golpearme.
Sus amigos lo contuvieron y me dijeron que siguiera mi camino. Realmente quería saber qué quería, jejej.
En mi hostal, el Downtown hostel, conocí a una anfitriona muy exigente. No quería alcohol en cuartos, lobby, ni tampoco cocinar a altas horas de la noche, hablar en voz alta ni andar en paños menores por los propios cuartos.
Sin embargo, ella me contó ansiosamente su deseo de salir de Georgia. Insinuó que yo gestionara una visa en México para que desde ahí, ella pudiera entrar a Estados Unidos a vivir y trabajar.

La calidez georgiana, expuesta

En Batumi, conocí a una familia excepcional. Mi primera y verdadera interacción más o menos larga fue con la familia de Geno.
Él, su esposa e hijo, Nodar, me recibieron como un miembro más de la familia.  Me compartieron ensalada y vino hecho en casa por el propio Geno.
No conocían mucho de México, pero les mostré, no sé a raíz de qué impulso, el video de la agresión de aficionados de Rayados a un fanático de los Tigres. «¿Is this because of a football game?», preguntaron con auténtico asombro. No supe qué responder.
Una familia en Batumi me trató como uno más de los suyos. Probé ensalada y vino hecho en casa, dando un certero ejemplo de la famosa hospitalidad georgiana
En carreteras, conocí a otros georgianos. Los señores de dientes podridos que meten en una camioneta a 15 personas, cuando en realidad caben 9.
Que se insultan por robarse pasajeros mutuamente, pero a los 5 minutos están riéndose y compartiendo cigarros. Al georgiano que maneja en una carretera de un solo sentido, en medio de una fuerte llovizna, contestando el teléfono celular y manejando.
Subirse a un taxi o a una vagoneta conducida por un georgiano ya es por sí misma una aventura. Los accidentes están a la orden del día. Pero también las distracciones, los chirridos de las llantas, y las unidades repletas de ciudadanos que no temen arriesgar su vida por un viaje de 4 horas a un costo de 3.5 dólares.

El último bonachón malencarado

Ese mismo georgiano que, pasó por mi para ir al aeropuerto de regreso a México. Casi choca dos veces. Mentó la madre en otras dos, recibió insultos en tres ocasiones, se pasó un rojo y estuvo a centímetros de ser chocado. En el siguiente semáforo se detiene, voltea hacia atrás y pregunta:
«¿¿¿Georgia good???», con una mirada inocente, inexplicable en un tipo que podría lanzar por la calle tres borrachos de un antro por su propia cuenta.
«Yes, indeed. Veeeery good», comenté, respirando hondo y quitando poco a poco mi rostro de preocupación.

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